La altura me impidió ser niño
La altura me impidió ser niño.

Anoche me llamó César. Estuvimos hablando, como tantas otras veces, de literatura y vida, (de vida literaria y de literatura pura). Y pasamos un rato comentado un verso mío: “la altura me impidió ser niño”. La reflexión nos dio para rato, y me llevó, como de costumbre, al autodescubrimiento, a la instrospección poética...
Pero a veces los hados se confabulan, o simplemente es algo inherente a la naturaleza de la vida, que sin quererlo, tirando de un invisible hilo, la noche me sorprendió combinando literatura, mitología, recuerdos y una fotografía.
Por la tarde estuve en la Casa del Libro, y compré La crítica literaria en la prensa, un libro muy interesante, que me parecía necesario conocer para llegar a buen Puerto... Comencé a leerlo antes de dormir, y en la primera página del prólogo se mencionaba el “lecho de Procusto”. Entonces consulté el Diccionario de mitología de Pierre Grimal, una magna obra (que conseguí por el azar de una moneda... pero esto es otra historia). Allí se decía:
Procusto o Procrustes: Es el sobrenombre de un bandido, llamado también Damastes y Polipemón, que vivía en el camino de Mégara a Atenas. Procrustes poseía dos lechos, uno corto y otro largo, y obligaba a los viajeros a tenderse en uno de ellos: a los de alta talla, en el corto – y para adaptarlos a la cama, les cortaba los pies -, a los de baja estatura, en el largo – y entonces estiraba violentamente de ellos para alargarlos-. Fue muerto por Teseo.
Procusto asaltó mi verso, y entonces comprendí que sueño en el lecho de Procrustes... Fue entonces cuando recuperé esta fotografía. Al dorso dice: “Córdoba, 23 de Julio de 2005...”