8-3-06
De esta noche recuerdo un par de sueños. El primero no es relevante, simplemente es el cruce del relato que había leído antes de dormir con lo cotidiano. El cuento se titulaba Los fugitivos de Alejo Carpentier, y los protagonistas eran un perro y un negro. En mi sueño, aparecía en mi cama, abrazado a mi perra, de la misma forma que el protagonista del relato.
Todos soñamos este tipo de sueños, que se nutren de la cotidianeidad de forma directa. La mente los utilizará para descargar la memoria, o para cualquier otro proceso neurológico, pero no son sueños de interés, en el sentido en que generalmente no nos dicen nada nuevo de nosotros. Creo que sería un poco ridículo querer buscarle un significado especial, y mirar, por ejemplo, en un diccionario de sueños. Eso no significa que sean sueños inútiles, pues ninguno no lo son, y recordarlos forma parte del ejercicio necesario para recuperar sueños.
Pero el sueño que me parece interesante de esta noche ha sido el siguiente. Ha durado bastante tiempo, aunque ha tratado de algo sencillo: el paseo por una casa desconocida...
En el sueño llegábamos mi madre y yo a una casa desconocida. No sé qué hacíamos allí, pero estaba en un pueblo al que nos había costado mucho llegar. La casa era grande, y desde el principio comencé a indagarla. Aunque la recorrí de arriba abajo varias veces, y no había muchas habitaciones, todo me resultaba un poco laberíntico, porque parecía que las habitaciones variaban un poco en su disposición. La que más me llamó la atención era la biblioteca. Era rectangular, y estaba repleta de estantes de madera de gran profundidad, de manera que cabían bien los libros, y aún quedaba espacio delante de ellos para alguna figurilla, o escultura pequeña. Había muchas repartidas por toda la habitación.
Recorrí varias veces la casa (o tal vez el piso), pues tan solo había una planta. En algunos de esos recorridos, por pasillos cortos, encontré mi dormitorio. Tenía una pequeña terraza. Y escondido detrás de la cortina miraba la esquina de la calle, en la que me pareció ver a dos prostitutas... Seguí mi recorrido por el piso, y comencé a encontrar puertas que estaban muy disimuladas, en los pasillos. De esta forma entré en una habitación muy grande, sucia y destartalada, con algunos muebles rotos. Junto a ella, había una puerta que conducía a otra mucho más pequeña, pero en la que no se podía entrar porque estaba llena de tablas y palos, y la propia entrada estaba taponada. Volví a la habitación anterior, y salí por otra puerta del fondo a una especie de patio o jardín.
Esta fue una de las imágenes más curiosas del sueño, y que me resulta más difícil describir. El patio tenía forma triangular. Los tres lados del triángulo estaban "marcados" por un estrecho sendero, invadido por el ramaje de las plantas. Sólo el sendero paralelo a la pared de la habitación era practicable.
Dentro del triángulo que formaban los tres senderos se abría un enorme hueco, tan grande que permitía intuir que en el fondo continuaban los pasillos y las habitaciones, aunque el fondo estaba muy sucio, y lleno de tablas y palos. Bordeando el sendero triangular, pero suspendidos en el aire sobre este hueco, había un montón de jaulas muy sucias. En algunas de ellas había pájaros, sin comida, y con el agua estancada (en ese momento pensé que tenía que arreglar y limpiar aquellos animales). Pero vi también agua estancada en los cubos en los que estaban metidas algunas macetas, e incluso en una pequeña pecera, colgada también del aire, en la que todavía quedaba un pez abriendo la boca.
Toda aquella disposición me asombró mucho, y aunque intenté bordear aquel triángulo (e incluso pensé en bajar al fondo), no me pareció practicable, porque el suelo, de arena mojada, se hundía. Entonces recorrí pendiente abajo el pequeño “sendero” paralelo a la pared de la casa, que discurría hacia el exterior de aquel "jardín". La arena del suelo seguía siendo un peligro para mis zapatos, que se manchaban y hundía un poco en ella. Fue entonces cuando levanté la vista, y vi que al fondo estaba el mar, del que me separaba una loma de arena. Estaba atardeciendo, y veía perfectamente los colores del paisaje: el amarrillo claro de la arena, el azul del mar, y el azul-grisáceo del cielo.
Me encontraba muy bien en aquel espacio abierto, aunque no muy lejos había un enorme edificio (cuadrado y muy alto) que cortaba el horizonte de la playa. Subí a la loma de arena, y me entraron ganas de correr y correr, y no parar. El paisaje resultaba bellísimo.
Fue entonces cuando sentí cierta preocupación por perderme. Volví la vista atrás, y vi el jardín, con su triángulo, y parte de la pared de la casa de la que había salido. Sentí entonces que tenía que volver, como si me atara a todo aquello por un cordón umbilical.
No tengo ni la menor idea de qué puede significar este sueño, ni por qué lo recuerdo con tanto detalle. A primera vista parece que responde al deseo de salir de una casa, de un lugar, tal vez de independizarse, aunque parezca una interpretación muy básica. Hay elementos que lo sugieren: el pájaro encerrado (otra vez sueño con un pájaro enjaulado en pocas semanas, sin que yo tenga este animal siquiera en mi casa), la presencia de fondo de la madre (y esa sensación de cordón umbilical), el estancamiento del jardín, o la búsqueda de una salida a través de las múltiples puertas de la casa, las ganas de correr por la playa...